jueves, 15 de marzo de 2012

viernes, 9 de marzo de 2012

Días, nieve...


Acaba aquí este blog en pruebas. Muchas gracias a sus miembros y al visitante ocasional. Y puesto que todo comienza siempre, próximamente... también todo continuará.

Algunas maneras de levitar sobre un charco después de la lluvia






Inmediatamente después de la lluvia todo se encuentra en otra parte...

martes, 10 de mayo de 2011

El amor y el monstruo


¿Cree usted en las viejas leyendas?. No importa cual escoja o con cual se encuentre, hay una horrible y delgada mano inhumana debajo de la piel de todas ellas cuyo mas leve  tacto, una vez descubierta, es capaz de hacerte enloquecer de puro horror...y tambien del más intenso amor.



 No importa la forma del miedo sino su contacto. Mas allá de aquellos dedos  no era posible abrazar tan solo al amor, así que tambien amé al monstruo que se había apoderado de él.


 Volvió completamente derrotado de su último viaje, con la mirada más perdida y doliente que nunca, como si aquello a lo que entonces vez tuvo que enfrentarse hubiera sido demasiado para él. Ahora se que entonces ya se sabía condenado y que más doloroso aun que todo el horror que lo estaba transformando era el amor que sentía por mi y al que no podría nunca renunciar.


 Despues de una lucha mortal en la que llegó a vencer a la maldición de la luna, regresó a buscarme.


En silencio...



Deslizandose por la mansión como un latido moribundo...




Supe que estaba allí antes de que entrara en mi cuarto...
y supe, de igual modo a lo que debería enfrentarme...

 
Su cuerpo ya no le pertenecía...y parecía haber sido mordido profundamente por las sombras...




 Pero no dudé en abrazarlo al mio con todas mis fuerzas...




Supe qué, a pesar de que ya no podría protegerme,  había venido a pedirme que lo acompañara en su último viaje; y así lo hice.






 ¿Regresar...?. No. Él ya no era humano. Continuó transformándose de formas que no podría intentar describirle. No fuí capaz de permanecer hasta el final y corrí ciega, empujada por aquel grito blanco en mis ojos, atravesando de vuelta el desierto de hielo.


Ahora debo marcharme. No. La semana que viene será imposible. No se cuando podré volver a verle. Sí, claro que sí...se que puedo contar con usted. No se preocupe, estaré bien. Buenas noches mi querido amigo.


Siempre con paracaidas

¡ Ya he tenido bastante!

domingo, 8 de mayo de 2011

La llave que vació el mar


Cada verano en la isla se me hacía mas y mas aburrido, pero al mismo tiempo, en aquel tedio pegajoso que llenaba las calurosas tardes podía encontrase con no poca frecuencia lo inesperado.


Era una sirena, también aburrida, que había salido a dar un paseo. Aún llevaba su diminuto pijama y era fácil suponer que había estado intentando echarse una siesta sin éxito.


A pesar de las aparentes diferencias entre nuestros dos mundos no tuvimos mucho que contarnos, simplemente caminamos por la playa, paseando...


Las viejas llaves parecían un enjambre de animales chirriantes y oxidados que había salido del fondo del mar atraídos por una misteriosa fuerza magnética que los retenía atrapados en ese preciso punto de la orilla.


El viejo marinero apareció como si siempre hubiera estado allí, como parte del paisaje, apestando a tabaco añejo de pipa y sin mediar palabra alguna se puso a recoger las llaves sin ninguna prisa, levantando la arena descuidadamente  con sus enormes manos y dejando al descubierto parcialmente un  imán formado por un tubo macizo extrañamente doblado en forma de U, que luego tuvo que enterrar de nuevo.


Sólo nos preguntó si teníamos hambre.La tarde caía en silencio mientras el camino hacia su casita prefabricada se llenaba de sombras azules.


Nos contó que su principal sueño era encontrar la llave de una antigua puerta que el mar le trajo junto con otros pecios  : restos de una casa, de un hogar con los que había decorado su propia vivienda, hacía mas de diez años. Nos contó también, muy despacio, como si su voz se desprendiera del movimiento de los astros, otros sueños que ya había vivido, cada uno más fantástico que el anterior. Aquel si que fue un gran verano.


El verano siguiente ya no los encontré. a ninguno de los dos.


Pero por las pistas que sí encontré, parecía que habían emprendido juntos un viaje a través de aquella vieja puerta, y que la sirena ya no era ni tan pequeña ni tan joven, y que el marinero tampoco era ya, tan tan grande, ni tan viejo, y que ambos podrían caminar de la mano, sin hablar, juntos, durante mucho, mucho tiempo.